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Las teorías románticas tienen que hablar de corazones destrozados, y definitivamente de la cantidad de piezas en que los parten. Muchas veces tratamos de seguirlas, nos eluden haciendo eso que hacen. Cruelmente.

Hablemos entonces de teorías desalmadas e historias. Propongo que lo hagamos preguntado lo que hacen, y en un escenario inverosímil.

Perfilemos un viaje compartido en Uber con un evolucionista de la información. Tener un viaje así se debe de sentir cuando encuentras a Gandalf. Y como sabemos, este “Gandalf” seguramente estará en la lista de las 50 personas que van a cambiar el mundo (Wired, 2020).

Un mago que nos pregunta sobre la variación de las formas que tiene la vida. Pensando que con eso que hace es robustecer los genes (Chen & Lin, 2013). Un mecanismo que es la última arma de los seres vivos, que facilita la evolución de complejos sistemas dinámicos una conexión entre todo vivo. Nuestras acciones a los patrones de comportamiento de algo tan simple como un virus dentro del cuerpo a algo tan grande como un garrotazo en la cabeza.

Gandalf nos dice también que no existe una factorización del mundo moderno. Impregna nuestra aventura con la idea de un universo adaptativo, y que la fundación matemática de ello -algo así como sus “ecuaciones de Maxwell”-, es todo lo que hay saber para definir esa complejidad. No existe más que la violación a la entropía dentro de la complejidad y esto es remarcado porque los marcos de física o química que podemos utilizar son inútiles cuando hablamos de esa escala. No es difícil de pensar, y sí llega a ser claro la “momberias” del paradigma de algo que tienen las respuestas y no sabe cómo las encontré (como el aprendizaje reforzado computacional) y aquello que tiene las preguntas y no los datos o métodos para encontrarlas (cómo cualquier ciencia natural).

¿Somos un conjunto de comportamiento colectivo o un sistema complejo con propiedades que no conocemos? El mago arruga las cejas, sopla la barba. — “We shall not pass!”. Abre la puerta y baja.

Si en algún momento un trol se convirtiera en humano para no comer gatos, seguramente este trol sería un científico computacional. Es bastante clara la razón, ¿no? Tratemos de esclarecerla un poco.

La complejidad dentro de la computación la podemos pensar, a costa de unos “sombrerazos”, como la dificultad de que algo se pueda calcular. También nos puede hablar de los juegos y jugadas, de la aleatoriedad, si es que la podemos hacer, y en algunos casos también de posibles decisiones sin decidir — a estas les ponen un nombre bonito con señas a un señor Markov-.

El amable trol, converso y acariciador de gatos, de ojos pequeños, establece con su voz de vaquero cuántico un anfiteatro sonoro. ¿Cómo podemos encontrar patrones en datos sucios? Encontrar un patrón con ruido puede ser alto tan simple como imaginarse un chicle pegado a una tabla. O, puede ser tan complicado como entender como los cambios dentro de una distribución pueden “desordenar” toda la cooperación energética que harían alambritos y resortes pegados al palo.

No es más que ciencia de troles combinar conceptos tan ufanos como puede ser la física estadística y el reconocimiento de patrones. Un mensaje transmitido en el calor hace que no todos queramos oírlo, pero está bien, en algún momento tenemos que hacer un rompimiento de fase. Entonces, imagínate que la fuerza de la información que estamos diciendo y que todos estamos diciendo son hilos que nos unen. Desde estas gráficas de redes, lo puedes imaginar cómo dos tipos diferentes de bolitas, empujando hacia otro tipo de bolitas. La forma en que están conectadas establece los patrones con los que penetrará el otro enjambre. Estas mismas formas establecen que tan dispuesto estamos a entender o aceptar algo. Y es así como una sola base de energía nos lleva a entrelazar puntos de muchas maneras diferentes (Clauset et al., 2004, p. 66111). A veces lo interesante puede ser descubierto con algo simple, tratando de “buscar gatos negros en un cuarto oscuro”. Sucedió así, un gato negro apareció y nuestro trol vaquero cuántico fue tras él.

En un casino de película abundan las narices aguileñas. Seguramente la alfombra huele a electricidad y el sodio ha de ser palpable en el aire. Esta es la única alegoría que hare sobre este lugar, en realidad nunca he estado ahí. Pero pongamos la situación en que dos delgados hombres dejando la adolescencia están bailando tap con la ruleta rusa.

Una eudaimonia de carácter científico esta ocurriendo en este lugar. Pioneros de la tecnología embebida en la ropa, las señales de la posición de una bola a 10 segundos de tocar la cara de la ruleta les dan un 20% de efectividad superior a la normal dentro de las apuestas. El truco quizás en nuestros tiempos estaría completo con el uso de muchas imágenes que detallen una relación que va desde el grosor de la muñeca, hasta el color de la corbata del tirador. -Así es como hacemos las cosas en nuestro siglo- Le digo sin afán de distorsionar su realidad a uno de los jóvenes.

Reconstruir geométricamente la historia de posibilidades de un sistema dinámico es posible con series de tiempo (Packard et al., 1980, p. 715). A partir de ahí, hacemos lo que siempre, encontramos esos puntos que nos dicen que tan caótico es el sistema. Vemos sus atractores, los pintamos en una gráfica y en algunas ocasiones dentro de un bote.

-¿Crees que algún día le puedas ganar al mercado financiero?- Había ahora una quijada tirada a la izquierda y unos perplejos ojos. Las apuestas de la economía se basan en el equilibrio de lo racional. Todos apostamos a ganar y pensamos que cada uno lo hará así. Las turbulencias económicas se generan endógenamente, existe una razón que la desestabiliza constantemente. Una fuente de información externa puede llegar a traer nueva información al sistema, la fragilidad con la que responde es el origen de las crisis. Un juego muy difícil o de gran competencia hace que los jugadores generen dinámicas caóticas de juego. Reglas difíciles de seguir y premios anti correlacionados son parte del mercado en nuestros momentos. No hay un equilibrio, solamente vemos a los jugadores realizar movimientos y contra movimientos en un vaivén más parecido a la vida y la interacción en la ecología. En nuestro mundo, las compañías parecen entes especializados, como las plantas. Son racionales con su consumo, pero difícil de moverse. Existen otros entes que circulan y mueven los precios, como abejas al polen. Volteo súbitamente al joven de quijada chueca, como solamente una cabeza flotando en el tiempo lo podría, hacer -¿Tú crees que los dragones existan en la economía amigo?- Desaparezco.

El café de la mañana no tenia aroma, puede ser que una media cucharada más le hizo falta. Dos pantallas y 104 personas están viéndose unas a las otras si nunca haber tenido contacto entre ellas. Es un experimento de casa, bobo y sin expectación de crear un conocimiento profundo. Solamente debemos de poner dos pantallas, dos conversaciones, prender el micrófono por un segundo y dejarlas interactuar. ¿Qué probabilidad tendremos de que esta interacción genere un esfuerzo cognitivo? Podría ser que 2 palabras entre agentes desconocidos causen una disonancia si son dichas al mismo tiempo. No es así el caso, el aspecto de nuestra creencia sobre la seguridad que está pasando no impide ver lo “que esta pasando”.

Dentro de la pantalla comienza la explicación sobre solución de problemas conectivos, su unión hacia el aprendizaje social y a la dinámica de opiniones. Tenemos entonces una interrelación compleja entre nuestro sistema de creencias y las redes humanas que conformamos. Transmitimos estas creencias, las acentuamos con las actividades que realizamos y las reforzamos entre aquellos que están en contacto con nosotros, quizá no. Tenemos entonces dos mecanismos de cambio. Uno es la modificación de nuestras creencias. Otro es la modificación de nuestra red social. Desde la física esto lo podemos ver como un modelo de Ising aleatorio. Por un lado, tenemos un conjunto de objetos con una opinión, arriba o abajo. Por otro lado, tenemos un entorno, que modifica esta opinión, un flujo de información que convence a ciertos vecindarios a tener una opinión firme. Para que esto funcione, hay un mecanismo de transmisión.

¿Qué tanto podremos manipular una creencia bajo un mensaje falso? O en otras palabras ¿Qué tanta resonancia causa nuestros troles dentro de la red social, podrán ser utilizados para una disonancia positiva?

Continuara…

Referencias

Chen, B.-S., & Lin, Y.-P. (2013). A Unifying Mathematical Framework for Genetic Robustness, Environmental Robustness, Network Robustness and their Trade-off on Phenotype Robustness in Biological Networks Part I: Gene Regulatory Networks in Systems and Evolutionary Biology. Evolutionary Bioinformatics, 9, EBO.S10080.

Clauset, A., Newman, M. E. J., & Moore, C. (2004). Finding community structure in very large networks. Physical Review E, 70(6), 066111.

Packard, N. H., Crutchfield, J. P., Farmer, J. D., & Shaw, R. S. (1980). Geometry from a Time Series. Physical Review Letters, 45(9), 712–716.

Wired. (2020, 16 septiembre). The Smart List 2012: 50 people who will change the world. WIRED UK.

Yoon, S., Goltsev, A. V., Dorogovtsev, S. N., & Mendes, J. F. F. (2011). Belief-propagation algorithm and the Ising model on networks with arbitrary distributions of motifs. Physical Review E, 84(4), 1.

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A physicist that learned the hard way about business technology, wonders about complexity of the mathematical abstraction of urban processes and loves honey.

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